Mientras brillan las luces navideñas, suena la música de la época y cientos de hondureños corren por su aguinaldo, miles más se resguardarán en casas con paredes de barro y zinc, montando guardia a platos vacíos.
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| Tegucigalpa, Honduras. Para muchos, la navidad es época de fiesta y regocijo familiar, pero nadie obvia que es una temporada donde las grandes diferencias entre la sociedad hondureña y del mundo entero, salen a relucir. Es cuando miles de familias caminan por las calles esperando milagros, mientras unas pocas se reparten lujosos obsequios.
Esos hondureños de bajos recursos, conocen el sabor de la miseria, aunque no se enteren de que un análisis del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) establece, que los éxitos macroeconómicos de Honduras en la última década no se han traducido en mejoras de las condiciones de vida de la mayoría de su población, que se debate entre la pobreza y la indigencia.
El documento denominado "Estrategias de País con Honduras", indica que el país registró, durante el último lustro, un crecimiento anual del 4.1porciento, pero no se refleja en los pobladores pobres, aún y cuando se ha venido aplicando una Estrategia de Reducción de la Pobreza (ERP) por más de nueve años. El organismo estableció que actualmente el 62 por ciento de la población hondureña vive en condiciones de pobreza y el 42 por ciento es indigente, esta situación se agrava en las zonas rurales y en la población indígena, donde las tasas de pobreza se ubican en 74 Y 71 por ciento, respectivamente.
Entre platos vacíos y ausencia de artículos de primera necesidad, los hondureños saben que su crisis se agudiza. Los barrenderos de las calles, los guardias de seguridad, las aseadoras y quienes tienen que ganarse la vida cargando bultos en los mercados, entre muchos más, saben de qué se habla.
Los pobres y las peripecias para sobrevivir
Para llegar a la casa de doña Candida, en un sector de la colonia Villa Nueva de esta capital, hay que transitar por un verdadero berenjenal.
Ella y su marido, se esforzaron para, en la punta de un cerro, aplanar la tierra floja donde construyeron su casa. Un paso en falso y puede rodar al vacío.
Es una casa de adobe repellada con una delgada capa de cemento, apenas mide dos metros y medio de largo por dos metros de ancho. Su techo son unas viejas láminas de zinc, reforzados por unas piedras para que el aire no se las lleve.
En este espacio viven ocho personas, Candida, su esposo y sus seis hijos.
Cuando hace sol y el cielo está despejado, sopla un aire delicioso y Candida, vive feliz, pues así se olvida de los 500 lempiras de alquiler que pagaba anteriormente a quien llama un “viejo abusivo”.
Pero el terror se apodera de ella y su familia, cuando llegan las lluvias, pues en la parte alta a pocos metros de su casa la amenazan unas piedras gigantescas.
Sólo ver las piedras causa pavor, imaginarse una desgracia es inevitable, pero el sonido de los muchachitos y el ladrido de los perros hacen olvidar el temor.
“Yo barro”, dice doña Candida, se refiere a su trabajo con la Alcaldía de la capital, “no me va mal”, agrega, pese a que cada mes debe estirar los 2 mil lempiras, unos 105 dólares, que recibe mensualmente como salario; un pago cuya puntualidad depende del capricho y la conveniencia de los funcionarios de la Comuna. Del sueldo del esposo prefiere no hablar.
“Me gustaría dar algo a los niños, tener una Navidad divertida, pero aquí vamos a estar y nos vamos a acostar a la buena de Dios”, dice.
Nacida en Nacaome, en el sureño departamento de Valle, Candida se vino a la capital hace tres años y no se arrepiente, dice que le ha ido bien, pero agrega que para completar su fortuna tan solo le falta un empleo fijo y que le paguen puntualmente.
La Navidad, el acento de la pobreza
Para Reinalda Aguilar socióloga y catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), la Navidad por ser la época de mayor consumismo acentúa más todas las diferencias sociales en Honduras.
“La pobreza es de todo el año, los pésimos indicadores se mantienen, lo que pasa es que en la Navidad, se acentúa más, es decir se observa con mayor detalle que los pobres son más pobres, los indigentes son más indigentes y por supuesto, los ricos son más ricos, no hay forma de revertir esta situación, es una realidad terrible que agobia a nuestro país”, sostiene Aguilar.
No obstante, la profesional señala que otro de los fenómenos que la Navidad provoca en los hondureños, es el florecimiento de la caridad porque todos hacen actividades para dar, lo malo es que luego desaparecen en las épocas corrientes.
Para la socióloga, la situación podría mejorar si las autoridades pusieran énfasis en la generación de empleo, ya que es uno de los problemas que afecta drásticamente a la población hondureña.
Pero mientras esa voluntad política y esfuerzo de los gobiernos de turno lleguen, miles de familias seguirán haciendo “malabares” como Cándida y su familia, quienes en medio de la indiferencia de la sociedad, tratan, sencillamente, de subsistir.
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